El efecto Pigmalión
Director CEID-EDUMAG
Con mucha frecuencia escuchamos a muchos profesores decir; “en ese curso hay un par de estudiantes que por mucho que nos esforzamos no van a lograr nada, no rinden, no cumple con los compromisos y el papa es complicado. Estas sentencias que a veces se entienden como justificación para el poco rendimiento de los estudiantes se convierten en un reto para los maestros contemporáneos, pero que el mejor remedio pedagógico es aplicar el efecto Pigmalión.
Cuenta la mitología griega que Pigmalión, un escultor, creó una estatua de mujer tan hermosa que terminó enamorándose de ella. Pigmalión comenzó a tratar aquella figura como si estuviera viva: la contemplaba, la cuidaba, le hablaba y proyectaba sobre ella la convicción de que podía convertirse en aquello que imaginaba. Según el mito, los dioses respondieron a ese deseo y la estatua cobró vida.
Muchos siglos después, la psicología tomó este relato para explicar un fenómeno profundamente humano: las expectativas que tenemos sobre una persona pueden influir en la manera como la tratamos y, en determinadas circunstancias, contribuir a que esa persona termine comportándose de acuerdo con esas expectativas.
En educación, esto adquirió especial importancia a partir de las investigaciones de Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, quienes estudiaron cómo las expectativas de los docentes podían influir en el desempeño de sus estudiantes.
El mecanismo puede comprenderse así:
Expectativa → trato → oportunidad → respuesta → confirmación de la expectativa.
Un maestro que piensa:
“Este muchacho tiene dificultades, pero puede aprender”
probablemente le dará más tiempo para responder, formulará preguntas, escuchará sus argumentos, le permitirá equivocarse, lo animará a intentarlo nuevamente y reconocerá sus avances.
Pero si piensa:
“Este estudiante no puede, es conflictivo, no le interesa estudiar”,
puede terminar ofreciéndole menos oportunidades, preguntándole menos, interpretando sus errores como incapacidad y sus comportamientos como confirmación de lo que ya pensaba.
Entonces aparece una paradoja pedagógica:
el estudiante puede terminar comportándose de acuerdo con la imagen que el adulto construyó de él.
Por eso, el efecto Pigmalión no significa simplemente “pensar bonito sobre los estudiantes”. Es mucho más profundo: las expectativas se convierten en prácticas.
Y esas prácticas pueden abrir posibilidades o cerrarlas.
Del efecto Pigmalión a la inclusión
Aquí aparece una relación pedagógica muy poderosa.
La inclusión no consiste únicamente en permitir que todos los niños estén físicamente dentro de la escuela. Incluir significa reconocer que todos tienen capacidad de aprender, participar, pensar, preguntar, aportar y transformar su realidad, aunque no todos aprendan de la misma manera ni partan de las mismas condiciones.
Por eso, podemos decir:
La exclusión comienza muchas veces antes de sacar al estudiante del aula; comienza cuando dejamos de esperar algo de él.
Un estudiante puede estar sentado en el salón y, sin embargo, estar pedagógicamente excluido.
Cuando decimos:
“Ese niño no aprende”.
“Ese muchacho es problema”.
“Con él no se puede”.
“Viene de una familia complicada”.
“Es demasiado agresivo”.
“No tiene futuro”.
“Nunca va a cambiar”.
estamos construyendo una identidad anticipada.
Y cuando esa mirada determina las oportunidades que ofrecemos, podemos terminar produciendo aquello que inicialmente creíamos simplemente estar observando.
Por el contrario, una pedagogía inclusiva parte de otra premisa:
“No sé todavía hasta dónde puede llegar este estudiante; mi tarea es crear las condiciones para descubrirlo.”
Ahí aparece una idea fundamental:
La inclusión también es una pedagogía de las expectativas.
No se trata de negar las dificultades reales. Un estudiante puede tener problemas familiares, sociales, económicos, emocionales o académicos. La inclusión no consiste en fingir que esas dificultades no existen.
Consiste en evitar que esas dificultades se conviertan en una sentencia sobre su futuro.
¿Y qué tiene que ver esto con una Escuela Territorio de Paz?
Aquí la relación se vuelve todavía más profunda.
Una Escuela Territorio de Paz no puede limitarse a ser una escuela donde no haya violencia física. Tiene que convertirse en un espacio donde el niño y el joven no sean definidos por la violencia que los rodea.
Imaginemos un estudiante que vive en un territorio atravesado por conflicto, pobreza, delincuencia, exclusión o violencia.
La sociedad puede mirarlo y decir:
“Ese muchacho terminará siendo delincuente”.
La escuela puede reproducir esa mirada:
“Ese estudiante es problemático”.
Pero una escuela territorio de paz debería formular una pregunta completamente diferente:
“¿Qué podemos hacer para que este joven descubra que su historia no está predeterminada por el territorio donde nació?”
Ahí el efecto Pigmalión adquiere una dimensión política y pedagógica.
Porque la escuela puede reproducir las expectativas del territorio o puede convertirse en una fábrica de nuevas posibilidades.
La escuela puede convertirse en una profecía
Hay dos profecías posibles.
La profecía de la exclusión
“No puede.”
↓
Le doy menos oportunidades.
↓
Participa menos.
↓
Se siente incapaz.
↓
Se distancia de la escuela.
↓
Abandona.
↓
Confirmamos: “Nunca quiso estudiar”.
La profecía de la inclusión
“Puede aprender.”
↓
Le doy oportunidades.
↓
Escucho su voz.
↓
Le permito equivocarse.
↓
Reconozco sus avances.
↓
Aumenta su confianza.
↓
Participa.
↓
Descubre capacidades que desconocía.
Esto es especialmente importante en territorios donde los niños y jóvenes están expuestos a otras formas de reconocimiento.
Porque si la escuela no reconoce al joven, alguien más puede hacerlo.
Una pandilla puede decirle:
“Aquí tú vales.”
Un grupo armado puede decirle:
“Aquí eres importante.”
El narcotráfico puede ofrecerle:
“Aquí puedes conseguir dinero y reconocimiento.”
Por eso, una Escuela Territorio de Paz tiene que competir no solamente con la violencia, sino también con las formas de reconocimiento que la violencia ofrece.
Y debe responder con algo mucho más poderoso:
“Aquí tu vida tiene valor. Aquí tu palabra cuenta. Aquí puedes pensar. Aquí puedes crear. Aquí puedes equivocarte sin ser condenado. Aquí puedes construir otro futuro.”
El maestro como “Pigmalión pedagógico”
Esta idea podría convertirse en uno de los fundamentos de tu propuesta.
El maestro no es simplemente quien transmite contenidos.
Es también quien construye posibilidades mediante la mirada que dirige sobre sus estudiantes.
Por eso, un maestro de una Escuela Territorio de Paz debería preguntarse:
¿Qué espero de este estudiante?
¿Qué oportunidades le estoy ofreciendo?
¿Escucho realmente su voz?
¿Lo estoy definiendo por su pasado?
¿Estoy confundiendo comportamiento con identidad?
¿Estoy castigando una conducta o condenando a una persona?
¿Estoy viendo solamente su problema o también su posibilidad?
¿Qué capacidades estoy ayudando a descubrir?
Y hay una pregunta todavía más profunda:
¿Qué pasa cuando un niño encuentra en la escuela a un adulto que cree en él antes de que él mismo sea capaz de creer en sí mismo?
Ahí comienza una verdadera pedagogía de paz.
Una tesis
El efecto Pigmalión constituye un fundamento psicológico de la educación inclusiva porque demuestra la importancia de las expectativas en las relaciones educativas: cuando el maestro reconoce al estudiante como sujeto capaz de aprender, participar y transformar su realidad, genera condiciones que favorecen su desarrollo; por el contrario, las bajas expectativas pueden convertirse en mecanismos silenciosos de exclusión. En una Escuela Territorio de Paz, esta perspectiva adquiere especial relevancia, porque permite romper con las etiquetas que el contexto de violencia coloca sobre niños y jóvenes y sustituir la lógica de la condena por una pedagogía de la posibilidad.
Y te propongo una frase que puede servirte como sentencia pedagógica para CEID-EDUMAG:
“Una escuela de paz no es aquella que solamente evita la violencia; es aquella que se niega a mirar a sus estudiantes como víctimas de su territorio y decide mirarlos como protagonistas capaces de transformarlo.”
Esa conexión entre Pigmalión → expectativas → inclusión → reconocimiento → Escuela Territorio de Paz tiene mucho potencial para convertirse en un fundamento conceptual de tu propuesta pedagógica.
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