Un adiós al filo de su última “palabra Maestro”
Por: ELKIN PALMA BARAHONA. Director CEID-EDUMAG
La educación pública y el sindicalismo de pensamiento crítico están de luto. Se ha ido para siempre un gran amigo de las letras: un zorro de la pedagogía, un hombre de verbo profundo y mirada crítica, amante de la tertulia, de la filología y de las causas que nunca claudican ante la injusticia. Fare Suárez fue mucho más que un maestro; fue conciencia viva de una generación que entendió la educación como herramienta de emancipación y la palabra como territorio de combate.
Líder sindical de convicciones firmes, intelectual de esquina y biblioteca, dejó sembrados unos cuantos libros, incontables encuentros barriales y una memoria invaluable de aquella Santa Marta intensa y convulsa de los años setenta y ochenta. Su presencia exuberante iluminaba cualquier escenario donde se discutiera el derecho, la escuela pública o la dignidad del maestro. Allí estaba siempre Fare: irreverente, lúcido, polémico y necesario.
Hoy, el gremio docente de su comarca ideológica tiene el deber moral y político de citarlo en cada jornada de lucha, en cada debate sobre la educación pública y en cada resistencia frente a los detalles hostiles que históricamente han empujado al magisterio hacia la precariedad y el hambre. Su palabra no puede archivarse; debe permanecer viva en las aulas, en las plazas y en la memoria colectiva de quienes creen que enseñar también es transformar.
Fare Suárez fue un faro rutilante. Un hombre de letras altivas y subversivas, defensor de las ideas radicales cuando la indiferencia pretendía domesticar la conciencia crítica. Su legado deberá seguir iluminando el camino de quienes aún creen en la pedagogía como acto de dignidad y rebeldía.
Se fue de repente, casi al filo de su última palabra: “Maestro”. Y quizá no podía haber despedida más coherente para quien hizo de la docencia una militancia ética, humana y profundamente política.
Hoy Santa Marta pierde una voz singular. Pero su eco permanecerá entre los libros abiertos, las conversaciones interminables y las luchas que todavía reclaman justicia para la educación pública.
Desde el CEID-EDUMAG impartió dinámicas revolucionarias de las nuevas pedagogías, impulsor incansable del movimiento pedagógico en cuyo sendero dejo registros evidentes de aportes prácticos en la búsqueda de defender la verdadera pedagogía del maestro como centro del acto pedagógico.
Nos queda su verdadero aporte, su perseverancia e insistencia para que el maestro no se deje convertir en un administrador del currículo.
Paz en su tumba.

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