SOMOS UN PAÍS DE "MOJIGATOS"

               ELKIN PALMA BARAHONA

                         CEID-EDUMAG                                        


En nuestra amada Colombia, hablar no solo crea ampollas: crea excomuniones imaginarias. Aquí la palabra duele más que el hambre y la idea escandaliza más que la injusticia. Y cuando alguien osa decir en voz alta lo que muchos piensan en silencio, salen los mojigatos con rosario en mano y piedra en el bolsillo. Petro habló, y bastó eso para que los fariseos entraran en crisis existencial… no por lo que dijo, sino porque lo dijo él.
Los curas se “despacharon en el sermón” en el de la mañana, en el del medio día y en el de la tarde. Les dio urticaria espiritual. Redactaron una pastoral (que es una carta regañona con perfume de incienso) para decirle al presidente que no se meta en asuntos divinos. Mis hermanitas cristianas montaron al grupo de wasap de la familia la repugnante “blasfemia “ del presidente ¿Y cuál fue el sacrilegio? Recordar que Jesús fue humano, demasiado humano, peligrosamente humano. Que caminó con una mujer señalada, que no le tuvo miedo al cuerpo ni al afecto. ¡Una prostituta, una colla como dijera Juan Matera, cerca de Dios! ¡Qué horror! Como si Dios fuera alérgico a la vida.
Eso sí: qué verraquera para defender teorías paridas en la Roma medieval. Qué ímpetu para blindar dogmas escritos cuando la gente se moría de peste y la Iglesia cobraba indulgencias, en denarios, en terrenos y haciendas. Qué valentía para proteger el celibato como ideal… aunque la realidad lo desmienta todos los días en titulares incómodos que prefieren no leer.
Petro no les tocó el bolsillo ni el poder, les tocó el mito. Y eso sí no se perdona. Les movió la vitrina donde guardan a Jesús empaquetado, casto, mudo y conveniente. Porque un Jesús que ama, que siente, que duda, es peligroso: obliga a parecerse a él. Y eso sí da pereza.
Aquí abundan los que llegan a misa a exculparse, no a transformarse. Se confiesan el domingo y el lunes vuelven al mismo cinismo de siempre. En el templo son mansos; en la calle se les despierta el Maquiavelo que llevan bien criado. Mojigatos de agua bendita y conciencia selectiva.
Estoy seguro y lo dice alguien que es profundamente católico y maestro de filosofía, formado en colegios y universidades católicas, que Jesús se indignaría menos por una relación humana y mucho más por esta legión de escribas modernos que defienden paredes, normas y sotanas, pero ignoran el único mandato que dejó claro, sin notas al pie ni latín: amar al prójimo.
Aquí preferimos defender la violencia antes que la bienectud a los pobres, preferimos defender el templo antes que amar al vecino.
Preferimos la pureza abstracta antes que la justicia concreta.
Preferimos un Dios de yeso antes que un pueblo con dignidad.
Por eso no somos un país creyente.
Somos un país de mojigatos. De una subetica y un apócrifo proceder espiritual que nadie se atreve auscultar…
Amén… y que no les salgan ampollas por leerlo.











Comentarios

  1. Respuestas
    1. Mi hermanazo ,te felicito por este escrito. Dices la verdad y desnudas el alma de muchos por no decir la gran mayoría.

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