CUANDO EL PODER NIEGA DERECHOS, la pedagogía se rebela: el Movimiento Pedagógico frente al despojo de los derechos del magisterio
Elkin Palma Barahona
CEID-EDUMAG
Quizás este es el momento exacto en que pudiéramos tener la firme tranquilidad como gremio, como comunidad intelectual, en la cual no nos afectaría las estupideces de un gobierno que desconoce los verdaderos valores de una sociedad, en este momento un magisterio haciendo fila en este movimiento pedagógico, y me refiero a un maestro en ejercicio irrigando con su autonomía las aulas, convirtiendo todo el derroteros de las mallas curriculares en los asuntos probLélmicos de los entornos de los estudiantes, el maestro perfilado en esta fuerza de conciencia en bienectud de humanidad jamás podría ser tocado por gobierno alguno que sienta la presión de una sociedad que señala al maestro con el sello imprescindible para convertir al ser humano en más humano en sentido de convivencia.
Si un gobierno intenta reducir al maestro a un ejecutor de políticas contrarias a la esencia del ser humano, el Movimiento Pedagógico tiene que volver a poner al maestro como sujeto intelectual, político y pedagógico.
Freire diría que el primer acto de resistencia es recuperar la palabra. No la palabra entendida como discurso sindical, sino como capacidad de nombrar la realidad, interpretarla y transformarla. Para Freire, las palabra, reflexión y acción constituyen la praxis; quedarse solamente en el discurso sería verbalismo, mientras que actuar sin reflexión sería activismo.
Por eso, el Movimiento Pedagógico debería desarrollar al menos seis grandes respuestas:
1. Recuperar la voz pedagógica del maestro. Que el maestro no sea solamente quien reclama salario, estabilidad o garantías laborales —aunque esas luchas sean legítimas— sino quien pueda decirle al país: “yo también tengo una lectura de la educación que ustedes están gobernando”.
2. Convertir la experiencia docente en conocimiento. Investigar lo que ocurre realmente en las escuelas: sobrecarga laboral, condiciones de infraestructura, currículo, evaluación, salud laboral, relaciones con las comunidades, deserción, desigualdad, violencia, tecnologías. El CEID tiene aquí una tarea estratégica: documentar pedagógicamente aquello que el discurso oficial pretende invisibilizar.
3. Hacer de la escuela un territorio de pensamiento crítico. La respuesta no puede limitarse a las movilizaciones. Si queremos contrarrestar una política de negación, tenemos que formar estudiantes capaces de preguntar: ¿quién decide la educación?, ¿para quién se educa?, ¿qué derechos tenemos?, ¿qué intereses existen detrás de una política educativa? Esa es la verdadera democratización de la escuela.
4. Unir la lucha pedagógica con la lucha por los derechos. Aquí está una diferencia fundamental: los derechos del maestro no son un asunto privado del maestro. Cuando se deteriora la dignidad del educador, se deterioran las condiciones en las que se educa al niño y al joven. Por eso, el Movimiento Pedagógico debe lograr que la sociedad comprenda que defender al maestro es también defender la educación pública.
5. Pasar de la protesta a la propuesta. Un movimiento pedagógico que solamente reacciona frente a las decisiones del Estado termina siempre jugando en el terreno que otros diseñan. Necesitamos producir propuestas propias de currículo, evaluación, formación docente, escuela, financiación, investigación y política educativa. No esperar que el Estado nos diga qué educación necesitamos. Si el pepa sigue “engavetado” como dijo Carmelo, no podrá permear las clases ni los recreos, no podremos aplicar las Epas, ni decir de los currículos unificados.
6. Construir organización desde abajo. Freire desconfiaría de una dirección que habla por los maestros. La praxis liberadora exige que los sujetos participen en la construcción de aquello que quieren transformar. El Movimiento Pedagógico tiene que volver a las escuelas, a los colectivos, a las comunidades, a los CEID y a los territorios.
Y ¿cuál es la peor amenaza?
La mayor amenaza para el maestro no es solamente que le quiten derechos; es que logren convencerlo de que no tiene derecho a pensar la educación.
Ahí estaría la verdadera batalla.
Porque pueden desconocer un decreto, cuestionar una reivindicación salarial, imponer una política administrativa o intentar reducir la autonomía docente. Pero si el maestro conserva la capacidad de pensar críticamente su práctica, investigar su realidad, organizarse con otros y producir conocimiento pedagógico, el Movimiento Pedagógico esta ahi.
Y si aún no te convenzo:
No podemos seguir resistiendo únicamente para conservar lo que tenemos, sino organizándonos para construir la educación que todavía no tenemos.
Eso conecta profundamente con la tradición histórica del Movimiento Pedagógico: construir un proyecto político, educativo y ético, donde la pedagogía, la cultura, el conocimiento y los derechos sociales ocupen un lugar central.
En otras palabras: el maestro no debe limitarse a defenderse del poder; debe recuperar su capacidad de disputar el sentido de la educación.
Lo anterior nos conecta con la vigencia de Freire para el Movimiento Pedagógico.
¡¡¡Maestro!!! los invitamos al CEID-EDUMAG, en nuestra casa del maestro hemos desempolvado las sillas de los auditorios, la maloca esta recién renovada, necesitamos alimentar la conciencia de cada maestro, ponemos a disposición el equipo líder del CEID para proyectar como el movimiento pedagógico es la única herramienta a la negación de derecho de este gobierno.
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