El despertar del obrero intelectual

      ELKIN PALMA. CEID-EDUMAG
¡Basta ya de tanta mansedumbre institucional!
¡Basta ya de tanta foto sonriente con secretarios (as) de educación que jamás han sentido el bochorno de un aula sin ventilador!
¡Basta ya de tanto aplauso hipócrita cada Día del Maestro mientras nos patean nuestros derechos, nos congelan salarios y nos administran la miseria con sello oficial!
Hay que decirlo como se dice en las plazas cuando la paciencia se pudre:
al maestro de esta república lo están explotando como a un peón, pero le exigen comportarse como a un borrego.
Nos quieren humildes.
Nos quieren obedientes.
Nos quieren llenando plataformas.
Nos quieren haciendo informes.
Nos quieren conciliando padres furiosos.
Nos quieren criando muchachos rotos por la violencia social.
Nos quieren resolviendo lo que no resolvió ni la familia, ni el Estado, ni la iglesia, ni la policía.
¡Pero cuando llega la hora de las primas nos mandan a esperar!
¡Cuando llega la hora de los nombramientos nos pasean!
¡Cuando llega la hora de reclamar nos sermonean! Y hasta nos descuentan el dia.
Y todavía hay descarados que tienen el cinismo de llamarnos “servidores públicos”…
¿Servidores de quién?
Porque servirle a la niñez no debería significar servir de alfombra a burócratas ineptos y politiqueros tragacheques.
Los docentes de Santa Marta tuvieron que volver a la calle este año porque el pago de enero no aparecía, perdido entre la incompetencia y la indolencia administrativa; y el Ministerio de Educación ya reconoció hallazgos graves en el manejo del sistema educativo del Magdalena y del Distrito.
Es decir:
mientras el maestro desarrolla sus clases, otros dictan cómo aplazarle el sustento.
Aunque no lo crean:
¡NOS QUIEREN APÓSTOLES DEL HAMBRE!
La vieja estrategia del poder es simple:
al médico lo romantizan con vocación,
al policía con honor,
al soldado con patria,
y al maestro con amor.
Porque cuando a un trabajador logran convencerlo de que su oficio es una misión sagrada, entonces creen que ya no tiene derecho a hablar de plata.
Nos dicen:
—“pero es que ustedes trabajan con niños...”
—“pero es que ustedes tienen estabilidad...”
—“pero es que educar no tiene precio...”
¡Claro que tiene precio, carajo!
Tiene precio el arroz.
Tiene precio la gasolina.
Tiene precio la cuota del banco.
Tiene precio el internet que usamos para reportar plataformas absurdas.
Tiene precio el cuaderno que muchas veces compramos al estudiante pobre.
Tiene precio la salud mental hecha trizas.
La vocación no paga recibos.
El amor pedagógico no consigna quincena.
La mística no llena la nevera.
Y mientras nos piden sacrificio, arriba hay una caterva de funcionarios, contratistas y operadores educativos chupando del presupuesto como garrapatas de escritorio.
¡EL MAGDALENA PRODUCE MAESTROS, PERO MANTIENE PARÁSITOS!
Que no nos distraigan con discursos técnicos:
el problema no es “una inconsistencia de nómina”.
El problema es que sobre el presupuesto educativo del Magdalena y Santa Marta hay demasiadas manos gordas viviendo del trabajo ajeno.
Secretarías infladas.
Asesorías innecesarias.
Contratistas eternos.
Interventorías fantasmas.
Operadores sonrientes.
Políticos con apellido hereditario.
Todos comen.
Todos facturan.
Todos viajan.
Todos se toman la foto.
¿Y el maestro?
El maestro madruga a las cuatro.
El maestro suda en aulas calientes.
El maestro escucha al niño que llega sin desayuno.
El maestro enfrenta padres ausentes.
El maestro media peleas.
El maestro tapa vacíos del Estado.
Pero al final del mes tiene que revisar compulsivamente el celular para ver si ya cayó la consignación.
¡Esa no es dignidad!
¡Eso es humillación asalariada!
¡NOS CONVIRTIERON EN BURROS DE CARGA CON LICENCIATURA!
Ya no somos solamente docentes.
Somos digitadores de SIMAT.
Somos llenadores de PIAR.
Somos psicorientadores improvisados.
Somos enfermeros de emergencia.
Somos conciliadores familiares.
Somos gestores de convivencia.
Somos animadores culturales.
Somos redactores de evidencias.
Somos fabricantes de indicadores para que en la oficina digan que todo marcha bien.
Somos todo…
menos trabajadores respetados.
Nos exprimen la mente, la paciencia, la garganta y hasta el bolsillo.
Porque también hay que poner para fotocopias, para carteleras, para actividades, para transporte, para detalles que el sistema nunca cubre pero siempre exige.
Nos volvieron financiadores de nuestra propia explotación.
¡NO QUIEREN EDUCADORES, QUIEREN ESCLAVOS QUE SONRÍAN!
Aquí está la verdad desnuda:
no les asusta un maestro cansado.
Lo que les asusta es un maestro consciente.
No les preocupa que estemos agotados.
Les preocupa que entendamos que sin nosotros el sistema entero se desploma.
Porque mientras un secretario firma papeles, nosotros sostenemos salones.
Mientras un alcalde inaugura tarimas, nosotros evitamos que cientos de muchachos se pierdan del todo.
Mientras un contratista factura, nosotros remendamos el tejido social con saliva y terquedad.
Y aun así nos tratan como pedigüeños del derecho más básico.
¡YA NO MÁS AGRADECIMIENTO, ES HORA DE LA DIGNIDAD!
No queremos otro acto cultural.
No queremos otra serenata de 15 de mayo.
No queremos otro diploma de “maestro ejemplar”.
No queremos otro funcionario diciendo “estamos revisando”.
Queremos que entiendan una cosa:
sin el maestro  de Santa Marta y del Magdalena no funciona ni la escuela, ni el barrio, ni el corregimiento, ni el futuro.
Así que dejemos de mendigar respeto como si fuera concesión.
El salario no es favor.
El nombramiento no es limosna.
La puntualidad no es gesto amable.
La dignidad no se suplica.
¡SE EXIGE!
Y si para que nos escuchen hay que dejar de sonreír en las reuniones, habrá que hacerlo.
Si para que nos respeten hay que incomodar escritorios, habrá que hacerlo.
Si para que entiendan el tamaño de nuestra rabia hay que llenar plazas y calles, habrá que hacerlo.
Porque lo que hoy llaman retraso administrativo tiene su verdadero nombre:
violencia laboral.
Lo que hoy llaman ajuste presupuestal tiene su verdadero nombre:
saqueo al magisterio.
Y lo que hoy llaman vocación docente tiene su verdadero nombre:
la excusa perfecta para explotarnos sin culpa.
¡MAESTRO DEL MAGDALENA, NO TE QUIEREN FORMADOR: TE QUIEREN SUMISO!
Por eso la consigna debe sonar dura, clara y sin maquillaje:
**ni aplausos ni homenajes cuando nos deben el pan;
ni discursos pedagógicos cuando nos administran la humillación;
ni obediencia silenciosa mientras otros engordan con nuestro sudor.**
Que retumbe en Santa Marta.
Que retumbe en Ciénaga.
Que retumbe en Fundación.
Que retumbe en Plato.
Que retumbe en cada escuela donde un maestro aguanta callado.
SOBRE EL LOMO DEL DOCENTE distrital y MAGDALENENSE SE HAN ENRIQUECIDO DEMASIADOS VIVIDORES.
Y ya va siendo hora…
**de que el marcador se convierta en denuncia
y la paciencia en movilización.

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